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domingo, 2 de enero de 2011

Año Nuevo ¿vida nueva?

Estoy sentada en el sofá que me había encargado para Reyes. Con todo el jaleo de los últimos días se me olvidó cancelar el pedido ya que aunque lo tenía decidido, gastarme 1.500 Euros después de desembolsar 6 veces más para lo que ya sabéis, no podía permitírmelo. Lo pagaré a plazos con la tarjeta. Es más bonito de lo que recordaba, al haberlo encargado hace ya casi dos meses se me había olvidado lo bien que queda en el piso. Es grande y cómodo. Las niñas no saben qué hacer ya para estar pendientes de mí, fueron a comprarme una mantita preciosa en color avellana que no me he quitado ni un día. He releído mucho la tarjeta de Navidad que me envió A. La compró en Bruselas hace un par de años, según dice y esperaba el momento adecuado para mandarla. Tiene flores de pascua rojas y blancas y el papel es satinado y en relieve, conforme se abre tiene papel de seda y escrito a pluma dice: 

"Te deseamos una vida llena de flores, como a ti te gusta, y que todo lo que te pase en este 2011 ¡sea maravilloso!
Te queremos, 
A y SuperA "

Quizás pasara todo antes de que acabara el año para que los deseos de su tarjeta se hagan realidad...
He dormido poco y mal, me despertaba a media noche siempre con recuerdos malos de mi infancia: de cuando se olvidaron de recogerme en el  7º cumpleaños de C y nadie podía localizar a mis padres; de mi comunión, las malas miradas entre mis padres; de cuando mi padre se casó y no quiso invitarme porque decía que me iba a sentir acomplejada porque las sobrinas de su futura mujer eran mucho más guapas que yo. Del tanatorio, de su funeral... Ya no estoy cabreada con él ni con nadie. Aunque tampoco creo que les importe, iba a llamar a mi hermano esta semana, pero vi en Facebook que se ha ido a hacer snow a Baqueira y cuando llamé a mi madre se apresuró a colgarme rápidamente el móvil para que no le cobraran conferencia: está de crucero. Hay que joderse. Nadie tiene dinero, pero todos se van por ahí. Quedaría mejor decir que las niñas me obligaron a salir el 31, pero no es verdad, quise salir yo. Ellas no me han dejado sola ni un momento. B se ha venido al piso a dormir conmigo los días que lo he necesitado, A se ha preocupado de que me alimente bien, nunca han habido tantas verduras, frutas y comida rica en mi nevera. C me tenía al tanto de la vida social de la ciudad contándome las anécdotas más rocambolescas de estas semanas y D me ha llamado una media de 3 veces al día para hablar y que escuchara a sus niños. Los de mis jefes también me han llamado, vinieron a despedirse hasta el año nuevo porque se marchaban con una hermana de ella que vive en Bilbao y mis niños me dieron un abrazo enorme para que no les echara tanto de menos hasta la vuelta. Hacía ya un par de meses que estaba programado que se fueran y así, como decía mi jefa, tenía yo también unos días de vacaciones navideñas, pero ahora se sentía mal, porque no quería dejarme sola. 

- No estoy sola, vete tranquila. Estoy mucho más acompañada de lo que te puedas imaginar.
- Bueno, también podías venirte, si quieres, mi hermana está encantada de recibirte, pero como prefieres quedarte aquí que sepas que desde allí hablamos cuando quieras por Skype para que los niños te vean y tú los veas a ellos.


Salí el 31 y aunque quede fatal decirlo, me lo pasé genial. Hay mucha gente que no sabe lo que me ha pasado (incluso algunos puede que den por hecho que mis padres no viven desde hace años, porque apenas los nombré) así que decidí concentrarme y olvidarme por un momento de todo, necesitaba pasarlo bien. Las chicas iban todas muy guapas, cada una a su estilo y yo también me sentía guapa, de hecho esta vez no he censurado ninguna foto. De vuelta, sobre las 6 de la mañana, nos paramos a comer churros con chocolate y me sentaron de fábula. Ha sido la única noche desde el 24 que he dormido algo relajada. La sensación que tengo ahora es como si haya pasado mucho tiempo y como si un camión hubiera pasado por encima de mí. Me siento vieja y más sola. Es una tontería, mi padre no me llamaba desde hace 4 años casi, cuando me pidió que le dejara dinero a mi hermano, pero sabía que seguía por ahí con su vida. Ahora ya no está y no podrá cambiarse. Decía antes que ya no estoy cabreada y es cierto, ya se me ha pasado el enfado porque nadie me ayudara a mejorar la relación con mi padre, porque mi propio padre no colaborara en que tuviéramos contacto. La vez que le llamé para decirle que me había comprado un piso no me cogió el teléfono y al mensaje que le escribí,  me contestó diciendo:


"pues ya sabes, ahora que estás casada con el banco más vale que te portes bien y pagues todo religiosamente, que si no, después buscan familiares que se puedan hacer cargo de la deuda"


Seguiré portándome bien, pero para cuidarme yo y ser feliz. A ver si este año tengo una vida al menos tan bonita como el año pasado, rodeada de amigas, de la familia de mis jefes, mis niños y mi piso.


Os deseo un 2011 muy bonito.





martes, 28 de diciembre de 2010

No es una inocentada

Escribo porque lo necesito, aunque en realidad no tengo ganas. Tengo la mente vacía, no puedo pensar en nada, me duelen los ojos. Ha muerto mi padre.

La Nochebuena pintaba bien: iba a ir a cenar con la familia de mis jefes. Me puse el vestido que me había comprado con A para Fin de Año (total, nadie iba a saber que repetiría) me maquillé con los potingues que B se ha traído para las Navidades y canté desgañitada las antiguas canciones de Seguridad Social. La cena de mis jefes parecía de revista, hasta la casa se veía más grande. Vinieron hermanos y sobrinos y nos juntamos 25 personas. Cuando nos íbamos a sentar, comentaron como anecdótico que fuéramos 25, que era el número perfecto para Navidad. La cena transcurrió muy amena y divertida: los niños más mayores tenían 7 años y sus razonamientos ingenuos salpicaban nuestras graciosas conversaciones de adultos todas centradas en monólogos y chistes. Cuando íbamos a empezar el segundo plato, Miguel me traía mi móvil sonando. No conocía el número, pero pensaba que sería alguien conocido para felicitar. Era mi hermano: iban para el hospital, mi padre había muerto tras sufrir un infarto mientras conducía y atropellado mortalmente con el coche a dos chicos borrachos que cruzaban en ese momento. El sorbo de vino blanco que hace unos minutos alababa me estaba abrasando la garganta, me entró un frío que me recorrió toda la columna vertebral y mi cara era un poema...

Ya no recuerdo nada más, sólo que pasé Nochebuena en el tanatorio, que tuvimos que encontrarnos en el hospital con las familias de los chicos fallecidos, que tuvieron que separarnos porque nos gritaban insultos... ha sido todo horrible. Es que hasta para morirse lió el follón, en Nochebuena, matando a dos chicos, el coche que se acababan de comprar (no tenía ni idea) ha quedado para hacer chapas de cerveza y encima, aguantar las tensiones y miradas asesinas entre mi madre y la actual mujer de mi padre, mi madre sin parar de criticar, el frío que pasamos esa noche, tener que decidir todo sobre el funeral, además de hacer cuentas porque (qué raro) no pagaba el seguro de vida y de un momento para otro tuvimos que reunir dinero (la viuda dice que no tiene dinero, que estaban pagando el coche nuevo y que acababan de comprarse una pantalla plana para Reyes y se han "regalado" un viaje a Jamaica para el próximo San Valentín) Todo me daba vueltas, mi madre quejándose de que ella no tenía dinero y menos para perderlo en enterrarlo, mi hermano diciendo que él tampoco tiene... mira, un asco todo. Sólo tenía ganas de salir corriendo y olvidarme de todo.

Antes del 24 quedé con mi ex, ya os lo contaré en cuanto pueda, ahora sólo quería deciros que estoy agotada, cansada psicológicamente, cabreada porque hace años que ellos (mis padres y mi hermano) no sólo no hacen más fácil mi vida, sino que han dejado claro que yo formaba parte de la familia sólo para cuando están metidos en problemas. Cuando tengo mi vida encauzada vienen como un ciclón destrozándolo todo y marchándose como si nada. Así se ha quedado mi vida: devastada. 

viernes, 17 de diciembre de 2010

Emocionada

Ha sido una mañana de viernes muy bonita. Marcos ha participado en la actuación del cole como primer pastor, lo que supone que las frases de los pastores las ha dicho todas él. En las filas del salón de actos del colegio se palpaba el orgullo de los padres y abuelos, pero en la nuestra, además, teníamos a un hermanito (Miguel) entusiasmado. Me ha contagiado la emoción. Nunca vi a un hermano pequeño profesar tanta admiración por su hermano mayor. Antes de empezar ya preguntaba cuándo le tocaba a Marcos, así ha seguido preguntando hasta que le tocó el turno. Los ojos, como platos, la boca abierta y cuando lo veía, me sonreía con los ojos brillantes señalándole con el dedo. Ha sido gracioso girar la cabeza y ver a muchos padres llorando por su hija de angelito o de rey... 


 Yo hice de pastora, pero no hablaba; tenía un puesto de quesos en el escenario, más que nada era un papel para rellenar porque éramos demasiados niños para tan poco papeles. Recuerdo que C estaba conmigo en el colegio ( A entró más tarde y B es más pequeña que nosotras) ella era también pastora. Su madre le pidió el disfraz a una prima mucho más grande que ella y le quedaba enorme, pero a ella le daba igual. Junto antes de subir al escenario, le dio por coger un gato que había en el recreo y cuando le tocó, subió con el gato en brazos. Fue divertidísimo. Mi madre me habló todo el día siguiente de C, pero de mí no dijo nada. Mi padre, por supuesto, no fue a verme. Él siempre se lo perdía todo, no le daba importancia a ninguna de esas cosas. Y mi hermano pequeño se pasaba protestando toda la actuación porque se quería ir. Una vez, tras una actuación de fin de curso, busqué a mi madre entre el público ya que todos los padres eran los que iban a por sus hijos, felicitarle y demás. La mía estaba en la entrada del colegio con mi hermano pequeño: él se aburría y se perdieron toda la actuación. 

Las actitudes de mis padres y mi hermano se han venido repitiendo a lo largo de los años de igual forma, creo que lo que mejor lo resume es: cada uno va a lo suyo. Yo he aprendido a no contar con ellos, igual que para los problemas ninguno está ahí, tampoco comparto mis buenos momentos con ellos. Hace poco alguien me dijo que no había que ser rencorosa, que los padres son siempre nuestros padres y que debemos de quererles por encima de todo. Para mí no tiene importancia, ellos me han acostumbrado a que no cuente con ellos. Mi padre se casó, tiene otra hija, la conocí, pero realmente ahora mismo no sé ni la dirección de su casa. Ni cumpleaños, ni Reyes, ni graduación de la Universidad, ni primer trabajo... nada. Como si no existiera. Mi hermano no quiso estudiar, es bastante cafre. Aunque le dio por la música y toca bien la guitarra, como es tan vago, no hizo los últimos exámenes de solfeo y se quedó a medias. Trabaja en una tienda de instrumentos musicales y toca con un grupo en su tiempo libre. Mi madre ha intentado tener pareja, pero es que es un desastre. Desastre en la casa, con el orden, con el coche, despistada... creo que cuando mi padre y ella se desenamoraron (se llevaban fatal y no se aguantaban) mi madre pasó de todo y de todos. No se esfuerza, simplemente ella no muestra interés por nada. Cuando vivía con ella ( mi hermano vivía con mi padre) las cosas de la casa prácticamente las hacía yo todas. A lo mejor me llamaba a las 5 de la tarde desde mitad de una carretera porque se había quedado sin gasolina y quería que le llevara yo una garrafa de la gasolinera; o llegaba la cena y no había hecho la compra. En cuanto terminé la carrera y empecé a ganar dinero (aunque había ahorrado de las prácticas en verano) decidí independizarme. Ella ni se inmutó, pero a los dos días me llamaba por si tenía detergente, que se le había acabado y no se había acordado de comprar, o por si le podía prestar dinero para el sello del coche... 

Nada de "¿te hace falta dinero?, ¿estás contenta en el trabajo?, si necesitas algo, llámame". Eran frases que había escuchado siempre a los padres de las demás. En mi caso, nada más lejos de la realidad. Así que no, no me siento rencorosa ni mala hija por hacer mi vida. Mi madre me monta numeritos si me ve por la calle: hace como que se desmaya del sofocón, porque no sabía nada de su hija, está sufriendo mucho y no entiende cómo no la quiero o porqué me alejo de ella. Me denunció. Tenía sólo una tía abuela, viuda. Y antes de terminar en el instituto, me pasaba a verla porque era muy graciosa, sólo sabía hacer tortillas francesas, pero un día le echaba atún, otro día queso, otro día mermelada, y así iba cambiando el menú. Hará cuestión de tres años se murió de repente y la única heredera fui yo. Mi madre, como su sobrina que es, pensaba que iba a quedarle a ella y como vio que no figuraba por ninguna parte en el testamento, me denunció alegando que me había quedado con dinero de ella. Entretanto, si me la cruzaba alguna vez por al calle, una de dos, se hacñia la ofendida y me giraba la cara o me venía lorando en plan "cómo puedes hacerme esto" . Tengo claro que lo suyo es egoísmo, pero a pesar de que el juicio salió a mi favor, yo me pongo nerviosa cuando me monta un número y siempre acabo huyendo del sitio. La gente que conoce la versión de mi madre, por ejemplo, es incapaz de creerse la mía. Piensan que sólo quiero dejarla a ella mal, que una madre quiere a sus hijos por encima de todo, que sufre mucho por mí y que "algo habré tenido que hacer yo..."

Con al herencia me compré " parte del piso" ( he hipotecado un poquito) y un cochecito. Así que fue un regalo del cielo. Ya me acostumbré a no contar con mis padres y hermano para nada, ni pensar en ellos en Navidades (bueno, no pensar más de lo necesario). Las chicas me ayudaron a seguir en paz con mi vida, sin sentir dolor o resentimiento, sin preguntarme más veces el porqué. C se independizó conmigo: sus padres también se separaron cuando ella y su hermana eran muy pequeñas. Él es belga, pero se casó con una japonesa en segundas nupcias y tienen restaurantes por todo el centro de París. C fue algún verano para practicar francés y ganarse algún dinero currando en el restaurante, pero se sentía tan fuera de esa "familia" que duraba poco allí. Su madre se casó con un hombre muy simpático y, aunque a C le parece bien, ella quería escoger su propia vida. 

Lo bueno es que encontré a mi familia de verdad. Por un lado tengo a las chicas que me han demostrado que están ahí y mis jefes con los niños me acogen como si verdaderamente fuera de la casa. En Nochebuena quieren que cene con ellos, me invitan todos los años (yo aún no sé que haré). Por lo pronto, hoy salimos a cenar por ahí, C tiene el turno más tarde así que podrá tomarse hasta una copa con nosotras antes de pasar a servirlas. Ya os contaré cómo acaba la noche ;-)