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sábado, 14 de enero de 2012

¡Sorpresa!

Se supone que, después del esfuerzo que me ha costado madrugar, debería estar estudiando. Pero mientras desayuno, os escribo y así desconecto un poco de la psicología cognitiva... Lo cierto es que me he alegrado mucho de escoger esta carrera (bueno, después de todo es que casi me elige ella a mí porque no me planteabla estudiar otra cosa si no era un master o algo así). Es una manera muy interesante de entender mejor cómo tratar a los niños aunque debo reconocer que yo hacía cosas por instinto que me funcionaban muy bien y han resultado ser acertadas. 
Hace días que no veo a los niños (desde el día después de Reyes) y están super altos, desafortunadamente o afortunadamente (no lo sé) las cosas han cambiado un poco entre nosotros: nos seguimos queriendo muchísimo, pero es verdad eso del roce hace el cariño y ya están más acostumbrados a otro ritmo sin mí. Yo también me siento emocionalmente más independiente de ellos y eso también puede ser bueno. Supongo que tener un trabajo en oficina con más adultos me hace sentirme más integrada y me da opción a socializarme mucho más. Y desde el accidente tengo más amigas jajaja. He pasado de los bebés a la tercera edad, ¡si es que no hay palo que se me resista!
Resulta que ayer, tras llegar de la oficina dispuesta a darme un super baño, ponerme musiquita y prepararme una sopita para cenar (sí, habéis leído bien: ahora como diferente ya que hay alimentos que no digieron bien por mi asuntillo de colon y lo cierto es que estoy más delgada) Fue soltar el bolso y sonar el timbre, pensé que era un cartero comercial, pero no: eran mis amigas testigo.

Señora 2: - ¡Marinita, hija, abre! Que venimos a verte!
Yo : - O.O 
Señora 1: - Dale más, que la puerta no se abre!
(Efectivamente, de la sorpresa aún no les había abierto, pero tampoco estaba muy segura de querer abrirles) ¿Quién va de visita sin avisar un viernes por la tarde? Ellas.

Señora 1 y 2 (unísono) : - Oohh qué delgadita sigues, ¡qué guapa!
Yo: - Gracias, ¿qué tal estáis? Qué sorpresa de veros por aquí
Señora 1: - Es que estábamos viendo la novela  de los tiempos revueltos y Adela estaba haciendo roscos, total que hemos pensado, pues cuando termine la novela, nos pasamos a verla. 
Señora 2: - Mira, te traemos unos rosquitos muy buenos para que lo comas.
Yo: (no los puedo comer) Ay, qué detalle, muchas gracias, pero no teníais que traer nada. De todas formas es que no debo comer cosas así, no me viene bien.
Ahora viene lo bueno...
Señora 2:- ¿Cómo que no?¡ pero si están riquísimos, cómo no te van a venir bien!
Yo: (quién me mandaría darles tantas explicaciones) Por lo del daño en el colon, que no me recomiendan comer dulces y grasas y muchas cosas
Señora 1:- ¿Pero estos no tienen grasa, eh? Que los ha secado todos en papel de cocina, vamos, que lo he visto yo...
Yo: - Umm... muy bien. Entonces... ¿ una infusión, un zumo, un café?
Señora 2:- ¡Ay qué maja es! Pues nada, ponnos un café con leche, pero clarito, eh?
Mientras yo iba a por el café, empezaron a contarme la novela (que me interesa bien poco) y cuando llegué justo para servirlos, zas!
Señora 1: - Marina, ¿cómo llevas el juicio?

El juicio es mi tema desagradable y como no me gusta pues lo ignoro para no pensar en él, por lo que cuando lo nombró me entró un escalofrío por el cuerpo...

Yo:- Ehmm, bueno, ahí va.
Señora 2:- Es que si es el día dos, nos tendrás que decir, porque yo no sé cuando me toca ni nada...
Y esto ya me dejó más muerta todavía a mí no me había llegado notificación de nada ni mi abogado me había dicho nada del día 2.
Yo:- Perdón, ¿¿¿¿qué dicen????
Señora 1: - Que nos ha llegado una carta, para el juicio antes del día dos. 
Yo me quedé muerta. Total, que ni infusión ni nada, estuvieron casi cuatro horas (!!!!) de cháchara en casa preguntándome por todo, si tenía novio, si no me sentía sola para pasar a decir frases como: "¡anda que no se está bien sola!, eh?  Le das alegría al cuerpo y después haces lo que quieres. "
Al final conseguí que se fueran diciendo que tenía que salir y que las acercaba yo a casa.

Señora 1:- Eso, y así te enseñamos la carta.

No las maté porque no mato, pero vamos, el tembleque que llevaba yo en el cuerpo por el tema del juicio sin saber yo nada, andaba extrañadísima con ganas de hablar con el abogado (le había dejado 3 perdidas en el móvil y no me contestó) 

Cuando entro en el universo de pañitos de ganchillo (suerte que no me preguntaran porqué yo no tenía puestos los que ellas me dieron), lo primero que me recibe es un olor a perfume cargadísimo y acto seguido me trae la carta de la ¡¡¡Junta de Andalucía!!! tenía que ir a la administración antes del día dos para aclarar un tema suyo. ¡Joder, qué susto!

Yo: - Esta carta nada tiene que ver con el juicio ¬¬
Señora 1: ¡Cómo que no! mira, ahí pone Juicio Andalucía
Yo:- No mujer, pone junta. 

Resulta que tienen la maravillosa costumbre de ignorar utilizar las gafas de vista, entonces cuando reciben una carta acaban inventándose las palabras según su imaginación. A mí me metieron el susto en el cuerpo, pero a ellas las dejé con tema de conversación por lo menos, ¡hasta el domingo!
Hace un rato me llamó el abogado y menos mal que yo ya sabía de qué iba todo, sino el se hubiera quedado tan extrañado como yo. ¡Vaya película!


Voy a seguir estudiando que me queda un poquito. Que paséis buen fin de semana.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Marzo 2011

Todo el tiempo que meses antes había pasado fuera de casa, lo recuperé en cuestión de unos días. Los primeros días mi piso me parecía hasta fascinante, todo nuevo, me parecía bonito; a medida que las semanas sumaban en el calendario, me cansaba del mismo escenario porque apenas salía de casa (me permitía un lujazo como pedir la compra por internet al Mercadona) y porque al mismo tiempo, mis problemas físicos iban remitiendo y la inactividad empezaba a agotarme. 

Llegué a la conclusión de que el ciclo de vida de un producto es bastante similar al aprovechamiento del tiempo libre cuando no tienes nada que hacer: al principio aprovechas poco a poco pero cada vez más hasta un punto en el que te cunde la mañana haciendo muchas cosas; pasado un tiempo, has ordenado y limpiado tanto y puesto todo al día, que los días se hacen interminables y en lugar de aprovechar, desaprovechas. Empezaba a echar mucho de menos a mis niños y tenía muchos sentimientos encontrados con mis jefes: por un lado comprendía perfectamente que buscasen a otra persona porque está claro que les hace falta y que yo estaba como una muñeca de trapo, pero por otro lado me dolía, me sentía como ofendida por haberme reemplazado, nada de llamadas, nada de visitas, nada de nada. De un día para otro la que en parte había sido mi familia no daba señales de vida, tal y como me ocurría con mi familia de sangre. Yo, en lugar de intentar llamarles o pasar a visitarles, opté por cerrarme en banda, la que había estado malita era yo, ¿no? teniendo teléfono, una llamada no cuesta nada. Pero me esperaba una visita sorprendente.

B: - "Guapa, ¿qué tal te encuentras hoy?"
Yo: - "Hola B, pues nada, como todos los días..."
B: - "Ummm, ya, bueno, ¿tienes planes esta tarde? Hay alguien a quien no conoces que quiere merendar contigo."
Yo: -" ¿Conmigo? ¿Alguien a quien no conozco? Esto...
B: "No no no no no, tú tranquila, yo te explico: A estaba algo apurada y no sabía cómo decírtelo, ella ha estado en contacto con algunas señoras testigos del accidente y se ve que tienen ganas de ir a verte"
(Mis ojos, como platos) Yo: "¡Venga ya!"
B: "¡Que sí, chiquilla! ¿Sí o no café esta tarde? en tu casa o donde quieras, vamos"
Me pilló en un día de me da igual todo y acepté.

A las 5 estaba A en casa con un bizcocho de canela y almendras que me perfumó toda la casa. Trajo también unas pastas por si alguien era alérgica a los frutos secos. Estuvimos un rato en casa sin hablar apenas, pero a gusto. Yo no pregunté ni cómo eran las señoras ni nada, pero cuando sonó el timbre, la sonrisa de A y su "verás, te van a encantar" despertaron toda mi curiosidad.

Vivo en un tercero y creo que desde la primera planta escuchaba ya sus voces muy escandalosas. A y yo esperábamos junto a la puerta entreabierta cuando me veo a dos señoras mayores muy bajitas y llenas de energía entrando a mi casa como si vinieran todos los días. La entrada no pudo ser más triunfal:

Señora 1: "Hola, preciosa, ¡qué linda eres!" (dirigiéndose a A)
Señora 2: "Ay, ay ¡venimos ahogaditas! ¡Cuántos escalones tiene esto, Corazón de Jesús!"
Señora 1: "Si es que te lo he dicho, que el ascensor no come, y total, para lo viejas que estamos ya, si nos quedamos encerradas, nos ahorramos el ataúd"
Señora 2: "¡Jesús bendito, vaya cosas que tengo que oir! Además, ahora que lo dices, tenemos que llegar vivas por lo menos hasta el juicio de la pobre muchacha... ¿eres tú, verdad?"

Y las dos vinieron a darme unos abrazos muy cariñosos. De la sorpresa de su llegada pasé a la risa ante tal espectáculo y cuando me transmitieron tanto cariño me puse a llorar como no lo hacía desde hacía meses.

"¡No me llores!", me decían secándome las lágrimas. Como llevaba muchas semanas casi en silencio, la tarde de visita me dio un dolor de cabeza impresionante, pero lo pasé muy bien. No tenía ganas de reír pero acababas riendo igualmente ante tanto cariño y espontaneidad.

Las señoras son vecinas desde hace 40 años, una planta las separaba de estar puerta con puerta, pero nunca se habían relacionado sin saber ninguna de las dos porqué. El caso es que una no tuvo hijos y el de la otra vive a bastantes km ("¡casado con una rusa, más blanquita es! pero hicieron una boda muy rara, para mí que es amañada, yo creía que mi hijo era un lesbiano de esos") por lo que al quedarse viudas se hicieron amigas y ahroa son inseparables. ¡Ven Sexo en Nueva York con 70 años que tienen! jajajaj 

Pues eso, como tenían todo el tiempo libre del mundo venían cada dos por tres a merendar. Había días que prefería quedarme tranquila sola, pero me daba pena decirles que no. Me han llenado la casa de tapetes de croché, así que cuando se van, me dedico a esconder los encajitos para sacarlos de nuevo antes de que vengan. En dos meses, había cambiado a 3 niños de párvulos por dos ancianas hiperactivas. 





viernes, 9 de diciembre de 2011

Febrero 2011

Comencé el mes de Febrero con 8 kilos menos y en mi cama de hospital. El olor a desinfectante no se me iba de la nariz, pero me daba igual, me pasaba el día queriendo dormir o al menos lo intentaba manteniendo los ojos cerrados, lo que me evitaba tener que hablar con las visitas. Mi hermano vino con una caja de galletas que por supuesto no podía ni probar, pero bueno, la intención es lo que cuenta (pensaré). Estuvo 15 minutos, preguntó literalmente cómo me iba la cosa y si me había visto las tripas. Después se marchó diciendo que había quedado. Hizo infinitamente más que mi madre, a la que avisaron y dijo que ya me visitaría cuando estuviera fuera del hospital que le agobiaban mucho. Honestamente prefiero que no llegara a visitarme.

 A y C vivían prácticamente en el sillón de imitación a cuero negro de la habitación, no se separaron de mi lado. Supongo que todo el mundo imagina lo solo que te sientes en un hospital si nadie te acompaña y paradójicamente, me daba igual que no hubiera nadie. No quiero sonar desagradecida porque no tendré años de vida para agradecerles lo suficiente todo el amor y la dedicación que me han dedicado, pero digamos que entré en un punto de apatía y pasotismo tal, que me daba exactamente igual todo. La frase común de todas las enfermeras era: 

- "¡Anímate, mujer! Mira lo delgada que te estás quedando, ¡ni en la Buchinguer de Marbella! Si tus amigas tienen el cuarto que parece una suite

Y ahí les doy la razón, no me faltaban las flores (se encargaba A), B aunque no pudo venir por trabajo, me mandó las suscripciones de 5 revistas, y un camisón muy mono de H&M, y aunque su fuerte es animar, C improvisó trayendo un montón de globos de colores que ató en mi cama. Lo cierto es que aunque se esforzaban por animarme, las pobres apenas podían hablar del disgusto. Pasaron como 3 pacientes por la habitación, todos para operaciones y la frase que solía oír era:

- "Uh, la pobre, qué mala cara tiene... bien mala tiene que estar, ¿verdad?"

Cuando C se quedaba conmigo, A se esmeraba en prepararme cremas para poder comer y aunque al principio lo intenté, lo pasé tan mal en el baño que no quería abrir la boca. Sólo que era contraproducente y me obligaban a comer papillas. Paradojas de la vida, hacía menos de un mes había estado alimentando a Ana con potitos y papillas de verdura parecidas a las que yo debía tomar ahora. 

Pasada la primera semana, hubo un cambio y apareció en escena un enfermero al que curiosamente conocía: fue un compañero en Empresariales, hasta que decidió cambiarlo por la enfermería. Al principio lamenté encontrármelo y que supiera exactamente qué me había pasado, pero después me motivaba el verle cada día. Era un chico muy agradable, muy atento conmigo, me hacía sentirme bien y olvidar por segundos que estaba en una cama de hospital con un camisón de vieja y que necesitaba urgentemente hacerme la cera (el pasarme la cuchilla me traía negra). 

Para San Valentín me trajo una flor y 4 días más tarde salía del hospital con ganas y con miedo, mis piernas endebles de tanto reposo me temblaban al salir a la calle. Llegué a casa y sentí alivio. Más aún al día siguiente, quería borrarlo todo. No me habían sacado el tema, pero si yo no denunciaba, además de mi amiga, había más mujeres dispuestas a hacerlo. También acabé sabiendo que no iba a seguir trabajando para cuidar a mis niños.  A y C pensaron, tras acordarlo con mi jefa, que lo mejor era retrasar la información al máximo. Es cierto que yo llevaba un mes en el hospital, que mi jefa estaba ya casi de 5 meses y necesitaba buscarse a alguien que la ayudara. Alguien que no tuviera que hacer reposo para una clavícula rota, ni rehabilitación para la fisura en la muñeca... Estaba oficialmente de baja y después pasaría al paro. El saber que ya no iba a cuidar yo de los niños fue aún peor que el dolor de mi intestino perforado, pero tenía tal nebulosa mental que no podía pensar. Me dediqué a escuchar las canciones de yoga y relax en la cuenta spotify de A. Y aunque cambiaba el título, me parecían todas una misma canción. La banda sonora de mi mes de febrero.


domingo, 9 de enero de 2011

Fin de semana infantil

El viernes por la noche llamé a mi jefa y tenía algo de fiebre, así que ni corta ni perezosa le dije al marido que se buscaran plan para el fin de semana porque yo me iba a encargar de los niños. Creo que al pobre casi se le saltan las lágrimas de emoción y aunque no me dijo que sí de forma inmediata, sé que les hacía falta. 

Ayer por la mañana a las 10 en punto estaba en la casa cargada de los regalos que los Reyes me habían dejado en el piso para mis niños y aunque sé que ya han recibido sus regalos pensaba que en cuanto los vieran se iban a volver locos y así fue, pero ¡por verme a mí! vinieron los 3 con sus pijamitas de muñecos a recibirme gritando de alegría con los brazos abiertos y yo lloraba como una tonta. Son los mejores niños que me podría haber tocado cuidar yo creo que aún teniendo los míos propios nunca serían tan buenos como éstos. Marcos viene más alto, se ve que tuvo un poco de fiebre por el frío de Bilbao y ha dado un estirón. En cuanto mis jefes se aseguraron de que iba a estar bien, de dejarme dinero, la nevera llena y darme millones de datos complementarios, se marcharon y empezó la fiesta. Los niños se sorprendieron de tener un 4º regalo (creo que sus padres lo están haciendo maravillosamente bien, no son niños caprichosos, ni consentidos. Pidieron algunas cosas y les han traído algunas sí y otras no y los niños no han protestado, al contrario han compartido todo y jugado, lamento compararlos con los hijos de D que son caprichosos, egoístas y han pedido y les han traído tantas cosas que no tendrán tiempo para todas)
Los Reyes le trajeron a Ana un Pocoyó dulces sueños, muy suavito se le ilumina la carita y tiene música de nana. No lo soltó en lo que restó de día; ella colaboraba rompiendo papel de los demás regalos, pero con el Pocoyó a cuestas. Miguel flipó con la guitarra a teclas, el micrófono y la radio, todo de colores y de su altura. Rápidamente repartió entre los hermanos y se pusieron a bailar y cantar, ¡fue tan divertido! Y Marcos, tan formal, abrió su regalo: un maxi libro de cuentos con una casa diferente para cada historia. Trae el estuche unas piezas de madera muy bonitas para construir todas las casas del libro. Este regalo era algo arriesgado: Miguel es el artista de la familia, Ana es una niña tranquila, pero Marcos es tan ordenado y pensador que tira más por otros derroteros, así que tampoco tenía muy claro cómo iba a reaccionar con el regalo, pero creo que ha sido todo un éxito. Ya decía Miguel con los ojos abiertos como platos:

- Yo soy tu mecánico, ¿vale? cuando necesites un tornillador, ¡yo te lo doy!
De modo que, mientras Marcos observaba las casas en el libro de cuentos, le iba a pidiendo a Miguel "la pieza grande azul" o "la puerta roja" y Miguel disfrutaba acertando siempre con la pieza.
Se nos pasó el día volando, almorzamos y nos pusimos a bailar y cuando me vine a dar cuenta era la hora de la merienda. Después nos pusimos a hacer collages con pintura de manos y pronto llegaron el baño y la cena. Me puse un dvd de dibujos animados pero lo cierto es que con ese ambiente familiar no me costó nada dormirme. 
Hoy me desperté descansada y con muchas energías para disfrutar de los niños y de una mañana tan soleada, así que nos fuimos al parque, ví que han abierto un local con comida orgánica (algo me había contado A en pleno entusiasmo, pero yo andaba en mis pensamientos) así que compré unas crudités que los niños devoraron como auténticos ratoncitos y unos rollitos de patata con brocoli y calabaza que desaparecieron por arte de magia. Yo no soy tan "orgánica" y como al lado hay también un local de bocatas camperos, me pedí uno para mí porque estaba viendo que los niños se habían puesto las botas y no íbamos a volver a casa para almorzar. Cargada de galletas, botellitas de agua, toallitas húmedas y kleenex aprovechamos para darnos un paseo hasta que nos llamaron los papás. Mi jefa tenía mucho mejor voz que el sábado por la noche cuando llamó para saber si estábamos bien y habían pasado el finde en un hotelito muy romántico con spa. 

Nos reunimos en casa, tomamos café mientras los niños jugaban y estuvimos hablando de todo un poco hasta que salieron Marcos y Miguel con una caja grande de regalo diciendo que la habían dejado los Reyes para mí. Sorprendida, eché una mirada inquisidora a mi jefa que sonreía mientras acunaba a Ana y ayudada por mis pequeños me dispuse a averiguar qué se escondía debajo del papel 
¡Me han regalado un robot de cocina! Yo lo había estado mirando tiempo atrás en el Corte Inglés porque comparado con los precios de La cocinera o el Chef 2000, éste costaba 100 Euros; pero finalmente, puse internet y el dinero de una cosa lo pasé a la otra. Qué guay. Ya  me voy a poder hacer mis guisoteos, aunque trae un libro tan grande que de aquí a que empiece me va a llevar algo de tiempo. Me ha hecho tanta ilusión que he encontrado una receta de un pastel por internet y ahora mismo se está haciendo. Mañana lo llevaré para el desayuno. 

¡Que tengáis un feliz lunes!

viernes, 7 de enero de 2011

Con resaca Navideña resumiendo mis días desde Año Nuevo

Ya pasó todo y volvemos al día a día como si nada hubiera pasado. Sólo quedan señales de Navidad en los turrones que no se han comido, los regalos y los adornos que posiblemente desaparezcan este fin de semana hasta el año que viene. Mis niños vienen hoy de vuelta. Tanto la víspera de Reyes como ayer, hablé con ellos. Estaban nerviosísimos y cayeron dormidos por puro agotamiento, a pesar de que la madre les echó melisa en la leche antes de dormir. Ayer entusiasmados, eufóricos y decían que me echaban de menos, que tenían ganas de venir para jugar conmigo. 
- ¡Y yo con vosotros! Marcos, no te imaginas lo mucho que os quiero.
- Je je. Nozotos tamién
- Pues pasadlo muy bien con los primos, seguid siendo buenos y nos vemos en cuanto volváis.

Mañana por la tarde iré a la casa a pasar la tarde con ellos, jugaremos y recuperaremos el tiempo de las vacaciones en una sola tarde, los padres creo que andan algo agotados. Ella empieza a encontrarse más pesada con el embarazo y entre tanta fiesta, tanto niño y el viaje a Bilbao, necesita un par de días para ella. Yo encantada de que vuelvan y que puedan descansar, también tengo muchas ganas de verlos a ellos.

Después de Año Nuevo, hicimos la cena en mi piso para inaugurarlo oficialmente y darnos los regalos del amigo invisible. Creo que todos salimos encantados porque fue una cena divertidísima en la que cada uno se hizo cargo de algo. A SuperA le habían regalado por Papá Noel una coctelera, un medidor y un libro para cócteles y llevaba desde el 25 estudiándose las recetas para estrenarlo en la cena. Como C es la barman de la "familia", improvisaron una barra después de cenar y se pusieron a preparar bebidas. Todo muy rico. D y Dmarido trajeron su consola y el juego de karaoke con los micrófonos, B se trajo la colección de collares, gorritos, matasuegras y caretas  más grande que haya visto nunca. Y A preparó unas tarjetas preciosas de papel reciclado con un cordón de algodón y una portada pintada a mano que decía: La primera foto del mejor Año. Nos hicimos muchas fotos todos juntos durante la noche, de modo que cada uno escogió su preferida y ella las va a sacar en papel e insertarlas en las tarjetas. Este año he tenido mucha suerte con que me tocara A de amigo invisible, aunque entre nosotras no hay regalo feo, A siempre acierta conmigo y lo más difícil, siempre me sorprende. Para nada me esperaba el bowl de vinilo auténtico chulísimo y el llavero "Love" de la peli, que me  dio diciendo: 
- como Jennifer Hudson en Sex and the City, yo ya encontré mi amor, ahora te toca a ti encontrar el tuyo.

Y sonó un oohhh al unísono de todos mientras nos abrazamos. A ella le tocó el regalo de D, que no se le ocurrió otra cosa que regalarle un delantal a cuadros de los que se cogen con imperdibles al pecho. A ver, no es que no le venga bien un delantal, pero aunque nadie dijo nada con la mirada, todos pensábamos que había infinidad de regalos mejores que hacerle a A que fue, a su vez, la única que puso buena cara cuando abrió su regalo mientras los demás nos quedábamos de piedra. Muy "Cuéntame cómo pasó", pensamos que de un momento a otro iban a salir Merche e Imanol Arias...
A mí me tocó regalarle a B y me decidí por un plato térmico y un termito para el café muy bonitos porque la mayoría de las veces que come en el trabajo se le queda todo frío y le gustó mucho (o al menos disimuló bien).

Ayer por la mañana día de regalos, yo me levanté, me arreglé y me tomé una buena taza de chocolate a la taza bien calentito y churros en mi nuevo bowl de vinilo (parte de mi regalo de amigo invisible de A junto con un llavero de "Love" como el de Sexo en Nueva York) y me fui con cámara en mano hasta la casa de D y Dmarido para ver la sorpresa en las caras de sus hijos. Nos hartamos de reír, son niños normalmente poco expresivos, pero creo que toda su expresividad la agotan con cada día de Reyes, ¡no podían gesticular más de la sorpresa! muy muy divertido. Después me fui a casa a dormir un rato (me tuve que levantar a las 7 am para llegar a tiempo antes de que despertaran los niños) y por la noche quedamos todos para ir de tapas y hablar de los regalos. 

Esta noche A y SuperA van a preparar pizza casera (masa incluida) y jugaremos todos una sesión de Partini, aprovechando que a C le deben días libres y que trabajó ayer. Ya os contaré. Espero que hayáis tenido unos felices Reyes. ¿qué os han traído a vosotros?