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miércoles, 11 de enero de 2012

Septiembre

Desde la noche del plantón del enfermero y del atracón de helado, C se había convertido en mi improvisada compañera de piso. Decía que no quería que yo estuviera sola, pero (aunque no dudo que fuera en parte cierto) creo que estaba muerta de miedo y la que necesitaba estar acompañada era ella. Venía de trabajar y se acostaba en mi cama haciéndose un ovillo, nunca la había visto así. 
Hablamos con una amiga enfermera (conocida de mi ya ex) que nos facilitó muy discretamente el contacto de un médico para ayudar a C, con pago a plazos. Hasta ese momento no había tenido oportunidad de reflexionar sobre la situación y no sabía muy bien cuál era la decisión correcta, pero me asustó y sorprendió llegar a la conclusión de que, si finalmente decidía visitar la clínica, no estaba mal. No es que intentara engañarme, sé lo que es ser un hijo en una casa con problemas económicos, una familia inestable... y no digo que la opción sea dejar de existir, pero si se puede evitar antes de que nazca que alguien sufra una vida inestable...  Barajamos entre todas la adopción, pero por un lado a C la hubieran echado del bar (ya lo hicieron antes con otra compañera) y todas pensábamos en el fondo que una vez pasado el embarazo y dado a luz no daríamos en adopción al bebé. 

A estaba ultimando la mudanza para irse, pero se había dado prisa para tener al menos 4 días libres antes de marcharse para apoyar a C. Ninguna sabíamos qué iba a pasar, pero tampoco le preguntamos y casi de manera automática íbamos las tres, sin hablar, a la clínica. Llegamos allí y nuestras caras tenían todas la misma pinta de cuerpo cortado, aunque todo el mundo fue muy agradable. Justo antes de llamarla a ella, cogió a A de la mano, me miró llorando y nos pidió que la sacásemos de allí. Tenía miedo y no quería hacerlo y le asustaban aún más las consecuencias de su reacción. Yo creo que las tres en ese mismo instante sentimos un alivio como cuando el lunes tienes examen y finalmente se suspende porque la profesora no viene o algo así. No hablamos, solo nos abrazamos y lloramos las tres juntas. 

Los siguientes días pasaron volando, A y SuperA nos cambiaban por Suiza y en el fondo B, C y yo queríamos que pasara como en las películas, que se bajara del avión y no volara. Eso no ocurrió. Se marchaban con todas las energías posibles para luchar por buscar su sitio. Y para mí es como si se hubiese marchado mi propia vida. Aunque C seguía conmigo, su actitud era distinta, estaba llena de vitalidad, mucho más feliz, ahora no tenía miedo. Iba a intentar trabajar mucho ahora para ahorrar todo lo posible. Yo tras tramitar mi vuelta a la Universidad, comenzaba mi curso escolar como mi pequeño Miguel y andaba buscando carpetas y bolis (siempre me ha gustado todo el material de oficina) y le sugerí a C el que dejara su piso y así se ahorraba el alquiler. Criaríamos juntas a nuestro bebé. En un primer momento lo rechazó alegando que no quería molestar más, pero esa misma tarde antes de irse a trabajar me dijo que sí que aceptaba. 

La tarde del día siguiente ya es historia: la pasamos en el hospital y no por mí. C había sufrido un aborto espontáneo y tenían que hacerle un legrado. Qué duro fue todo. No encontraba forma de poder consolarla y además, nunca la había visto llorar así y tampoco sabía qué hacer. 

C: -  "¡Fueron las botas!, decía llorando, ¡fueron las jodidas botas!"
Yo: - "Cariño, no debes torturarte ahora pensando en qué fue y qué no fue, necesitas descansar, así que por favor, intenta calmarte un poco porque tu cuerpo lo sufre"
C: - "Ya, pero es que el suelo estaba húmedo, como siempre, de las copas que se caen y yo pasé rápido a servir una mesa y me resbalé con las suelas de goma, pero no me llegué a caer. La impresión de que iba a caerme con una bandeja con 6 copas me ha hecho abortar, Marina, mi niño..." y tras un ahogado silencio dijo: - "ya no hay porqué dejar mi piso y vivir contigo"
Y vuelta a llorar, esta vez las dos juntas y abrazadas. 


domingo, 11 de diciembre de 2011

Abril 2011

Para el mes de abril salía de una manera más habitual a la calle, principalmente para revisiones médicas y comprobaciones de la baja. 

El post-operatorio y recuperación de una perforación de intestino es muy dolorosa, lenta y por mucho que digan los médicos nunca nunca te quedas bien, siempre acabas sufriendo malestares que se quedan para siempre. Yo además le añado a eso mis dolores de clavícula: debo tener cuidado cómo cargo el peso o cómo cojo algo pesado porque aunque soldó bien, la rotura de mi clavícula fue muy fea, según los médicos. En resumidas cuentas, una vez que el coche se estropea, nunca funciona igual aunque lo arreglen. Pero ya no puedo descambiarlo, ¿verdad? así que sólo me queda aguantarme y encima dar gracias. 

En los primeros días del mes coincidí en el hospital con mis jefes, yo iba con mis carpetas llenas de papeles y ella iba con una super barrigota. Me entró unos nervios en el estómago como cuando te cruzas con el chico que te gustaba o algo así, me inquieté y me daba miedo cómo ibamos a llevar el encuentro fortuito. Digamos que la sorpresa fue evidente para todos, pero ellos supieron salvarla mejor que yo, que no sabía decir nada más allá de un tonto hola. Salían de la última visita al ginecólogo antes del parto que estaba programado pasadas las dos semanas siguientes. (qué manía tienen ahora de programar los partos, ¡si los niños salir, van a salir!) Me dijeron de tomar un café, pero como me tocaba entrar a ver al especialista, no pudo ser y apostillaron, pásate por casa cuando quieras y ves a los niños. En este momento lo que antes habían sido unos nervios en el estómago se convirtieron en un nudo en la garganta y sólo pude asentir. Mis niños... cuántas cosas han pasado en tan poco tiempo y ahora no estoy con ellos. Subí al médico llorando y cuando me tocaba entrar, ¿a quién me encuentro? sí, exacto, al enfermero. Vino super atento a preguntarme si me encontraba bien y tal y yo le di largas tan rápido que después pensé: qué estúpida soy, para alguien que te trata bien, vas y le apartas , pero bueno, él iba con prisas y a mí tampoco me apetecía que me vieran así. 

Esa misma tarde, a las 4 y media me fui a la casa de mis ex jefes temblando como un flan porque no sabía cómo iban a reaccionar los niños: ¿les alegraría verme?, ¿pasarían de mí?, ¿me echaría yo a llorar? El trayecto hasta la casa era familiar, pero me resultaba taaaan lejano, como si hubieran pasado años desde la última vez que estuve allí. Al escuchar jaleo de niños tras la puerta me entraron ganas de irme, pero ya había llamado al timbre y al identificar sus vocecitas ya estaba deseando abrazarles a todos, ¿me abriría Marcos? Pues no. Me abrió una auténtica desconocida para mí y una amiga nueva para los niños: la mujer que trabajaba de niñera ahora. La radiografía de un silvido, delgadísima, con coleta, morena y de mirada muy fría:

- ¿Hola? Dígame, ¿qué desea?
- Ehh, hola, buenas tardes, soy Marina ( no sé si era mi propia película mental pero me sentía taaan humillada)
-¡¡Maninaaa, Maninaaa!! mis niños me reconocieron y no hizo falta que me presentara, se me saltaron las lágrimas. Ella abrió la puerta y aunque intentaba parecer amable, se notó que le dio coraje.
No pasé de la entrada y los niños se abrazaron a mí y yo lloraba sin parar, esa mañana el mismo médico me advirtió de los cuidados para mi clavícula, pero en ese preciso y precioso instante me hubiera dado igual que se me descolgara el brazo.
Miguel había dado un estirón y me decía que si aún tenía pupas y Marcos apareció veloz con un dibujo que me habían hecho. ¡No se habían olvidado de mí! ¡me habían hecho un dibujo! Y de esto hace ya 8 meses, pero cada vez que lo recuerdo se me saltan las lágrimas. No sé si algún día tendré hijos, pero el amor que siento por estos niños es superior a todo. La niñera 2 desapareció como un fantasma y vi venir a mi preciosa Ana con mi ex jefa y su gran barrigota a la que no terminaba de acostumbrarme (de Ana no fue por asomo tan grande, la tiene super redonda es como un bombo de música).

- Siéntate, nos tomamos algo. Me dijo sonriendo
- Si os queda algo de zumo, me viene bien, gracias. 
- Sin problemas, sabes que aquí el zumo circula en cantidades casi industriales.

Y seguía llorando, emocionada, de ver a mis niños de saber que ellos me quieren como yo a ellos y del recuerdo del olor a Nenuco de la casa, siempre huele a Nenuco. Ohh, ¡lo echaba tanto de menos!

Miguel me decía: - Ya no tienes barriga, pero no llolles. Jajajaja ¡me lo comía a besos y abrazos!
Y cuando Marcos me preguntó se me quebró la voz: - ¿tú ya te quedas aquí con nosotros?
Ufff, qué difícil me estaba resultando todo, a ésto apareció la enterada de la niñera 2 diciendo:

- ¡Maarcos, pero tú sabes que yo ya estoy aquí para cuidaros! , Marina no puede venir, que está malita.

¡Qué tía tan lagarta! ¿Cómo se atreve a decirle a un niño eso? a saber qué cosas les contará, me tendrá a mis niños traumatizados. Pero yo respondí sonriendo

- Cariño, tú sabes que yo siempre voy a estar para vosotros, así que vendré a visitaros siempre que queráis.

Marcos: - ¿pero entonces, te quedas ya aquí? 
Miguel: - ¡tú muemes con nosotros en la cama!

La niñera 2 irradiaba ya tanto cabreo que mi ex jefa intervino para suavizar las cosas. Con el tema de la merienda se despistaron un poco, pero no me gustaba nada tener que estar hablando de mis cosas con la arpía esqueleto delante de nosotras. Mi jefa me contó que había seguido teniendo problemas en el embarazo, que los niños me habían hecho los dibujos y que pensaban llamarme y venir a verme a casa una vez que hubiera nacido el pequeño porque entre mi accidente, su embarazo, los tres niños y la casa no tenían tiempo para nada. Y me lo creí. Estando de nuevo dentro de la que había sido mi casa durante años, volví a entender cómo funciona todo en la casa y los días pasan muy rápido y a tope. Aunque nadie se dio cuenta me dolió comprobar que me molestaba horrores intentar coger en brazos a alguno de los peques, como hacía antes, era como asumir que debía aceptar que no iba a volver para cuidarles. La marea de sensaciones me tenía muy abrumada. 

Al día siguiente tenía mono de ver a mis niños de nuevo y salí a la calle para ver si me los encontraba por el parque o algo, ¡qué suerte tuve! Sé que la niñera repelente me vio y se hizo la loca, pero yo iba a ver a mis niños y no a ella, así que me panté delante de los columpios y Miguel se vino corriendo hacia mí con una sonrisa impagable

- ¡Tú te vienes con nosotros a jugar! Y a pesar de que había alguna personaje cabreada, me pasé media mañana en el parque con mis niños. Me sentía como el padre divorciado con problemas de custodia que se escapa del trabajo para colarse en el recreo de sus hijos. Estefanía (la niñera chunga) me soltó:

- Mira, Marina, no te ofendas, pero si quieres a los niños, no deberías aparecer así como así para jugar con ellos. Les confundes y no favoreces su (a ver si me acuerdo bien) crecimiento emocional , los desestabilizas. 

- Tranquila, Estefanía, llevas menos de 4 meses con ellos, ya los conocerás mejor, son niños muy inteligentes y si en algo pudiera afectarles ten por seguro que lo evitaría yo la primera y después sus padres. 

Y se marchó con mis niños a regañadientes mientras Miguel me decía adiós con la manita...
El día después del parto programado, me presenté en el hospital con una cesta preciosa recomendada por A, tenía cosas para el bebé y cosas para mi jefa (como crema corporal reafirmante, frutas, bombones...) y le vi la carita al precioso Bruno, con un gran flequillo negro y largos deditos. Mi ex jefa estaba algo pachuchilla porque el parto fue más largo de lo normal (a pesar de ser programado) y también bastante complicado, pero afortunadamente estaban los dos bien. 

Entró mi ex jefe y se creó una complicidad entre los tres que seguro que ellos notaron, porque aprovecharon para contarme un poco: habían dudado muchas veces de llamarme y ponerme a los niños, de que vinieran a verme a casa y demás, pero 1º el tema del complicado embarazo no facilitaba las cosas y 2º pensaron que estando en un momento tan delicado, el hecho de que mantuviera un contacto muy apegado a los niños me iba a hacer más difícil el asumir que necesitaban a otra persona que me sustituyera en el trabajo. 

- Marina, tú sabes que nosotros te queremos mucho porque vemos cómo quieres a nuestros hijos, lo hemos comprobado, estábamos completamente tranquilos sabiendo que tú cuidabas a los niños porque sabemos cómo los cuidas y lo mucho que ellos te adoran. Para nosotros no ha sido nada fácil ni encontrar a otra persona que se desenvuelva con la que nos viene ahora teniendo a Bruno en casa y que nos transmita confianza para cuidarlos. Estefanía es una buena chica, algo seria y algo estricta, pero nos da tranquilidad. Ella se tiene que sentir intimidada porque no se lo han puesto fácil, eh? los niños se rebelaron y no querían saber nada de ella, hemos tenido unas buenas batallas, decían que ellos querían que Marina volviera y que cuándo volvía Marina y que ellos querían a Marina... 
Miguel nos contó que te vieron en el parque el otro día (notaba como mi cara se iba poniendo roja de vergüenza... ¡Dios, iban a pensar que soy una psicópata que acosa a sus hijos en los parques!)

- Esto... bueno, es que los vi y claro...
- Ya, bueno, que sepas con total seguridad que puedes venir a casa a verlos cuando quieras, siempre que quieras, no tienes que ir a buscarlos como una fugitiva, nuestra casa es tú casa. Así que descarta los encuentros callejeros ;-)
- De acuerdo. Me tenían calada, anda que no me conocen ya ni nada...
Al salir del hospital, me encontré con el enfermero que salía del turno y al final quedamos para un café.


miércoles, 12 de enero de 2011

Yo a mi ritmo

No pensaba que a Miguel fuera a gustarle tanto el micrófono de Reyes. Su padre le ha bajado un par de discos de canciones infantiles y esta mañana hemos estado bailando y cantando él, Ana y yo. Después dibujamos y esta tarde, ya con Marcos en casa, han escrito y hemos leído un cuento. 

Ya os comenté que mi jefa prefiere esperar a que los niños tengan al menos cuatro años para que vayan al colegio, antes quiere que estén en casa: fuera guarderías. A mí me chocaba, siempre he pensado que sobre los 3 años los niños desarrollan su sociabilidad y encontrarse con más personitas de su edad les ayuda a reforzar su carácter. Mi jefa leyó varios libros en los embarazos de psicólogos infantiles y demás especialistas y los sigue a rajatabla. En ellos vienen a resumir que si durante los 3- 4 primeros años de vida, los niños crecen en su casa, su entorno y su familia crean unos vínculos afectivos más fuertes, refuerzan su personalidad sin sentirse amenazados por influencias externas y cuando van al colegio, no se dejan influenciar y son más fieles a ellos mismos. Yo creo que el hecho de que mi jefa y sus hermanos (son seis en total) estuvieran internados desde muy pequeños hizo que no pudieran disfrutar de muchas cosas juntos y ella quiere evitar esas carencias, supongo. Al principio me impactó (por otro lado, si los niños fueran tan pronto al cole, yo me quedaría sin trabajo, claro) pero hay organizados y estipulados una serie de "calendarios de madurez natural en la infancia" a través de los cuales, según llegado el momento reforzamos ciertos estímulos en los niños. Con Marcos no sé hasta que punto puedo comprobarlo, pero con Miguel está funcionando todo. 

Hoy a última hora, tras el cuento, me pedían una película de sueño (quiere decir que querían dormirse con ella) así que los hemos bañado todo lo rápido que se puede bañar a un niño con muñequitos hinchables y no ha hecho falta ni la peli, han caído todos rendidos.

Saliendo de la casa me llama A:

- ¡perrilla! ¿qué pasa? como no te llame yo, tú pasando, ¿no?
- uff, tía, ¡si tú supieras! no te lo vas a creer...
- ¡¡nooo!! ¿qué pasó?
- mi madre se presentó el lunes en mi casa, le han embargado el piso en el que yo creía que estaba de alquiler, pero no, lo había hipotecado con mi padre de avalista
- ¿¿qué?? Pero...
- Sí, sí, sí todo lo que vas a preguntar ahora también lo pregunté yo con el mismo tono de voz...
- Una historia muy rocambolesca, se quedó en mi casa echándome en cara que ella estaba en la calle y yo vivía de lujo y el martes se largó por la mañana y ya no supe más de ella. La he llamado como 15 veces, pero no me contesta
- Yo creo que si escribes tu vida por capítulos nadie pensaría que son hechos reales. Tía, lo de tu madre es muy fuerte. ¿Qué pasa, que cuando volvió del crucero estaba en la calle?
- No no, lleva meses sin pagar "por la crisis" pero se ha ido de crucero porque estaba "estresada y lo necesitaba"
- No me cuentes más, no me encuentro con capacidad para procesar todo esto. Qué fuerrrrte. Tu madre no puede estar bien psicológicamente, de verdad, yo creo que cuando vuestros padres se separaron ella empezó a desarrollar ciertas patologías psicológicas que, como no se ha tratado, han desvirtuado tanto que hace que se comporte así.
- Seguro...
- Oye, perdona, que tampoco querría ofenderte, al fin y al cabo, es tu madre...
- Naaa, tranquila, mujer, si tienes toda la razón y más. Yo también he pensado cosas muy fuertes sobre ella.
- ¿Sabes algo de B? Porque yo la he llamado, pero nada. A C me la he cruzado esta mañana por la calle.
- Nop, me ha llegado una alerta al móvil de que me había escrito algo por Facebook, pero vamos, poca cosa... No sé porqué me da a mí que tú estás muy nerviosa...
- Eh... qué va, mujer, estoy como siempre...
- A, escucho tu voz a diario, así que a mí no me engañas, y no pienses que por lo de mi madre no estoy en condiciones de escucharte.
- Si no es nada, es sólo ¡que soy tonta!
- Jajajajajaja, ya! sobre todo tonta. Mira niña, podrás ser lo que quieras, pero eres muy lista y muy guapa también
- Con amigas como tú, normal que me salgan enemigos, ¡soy la envidia del mundo! Estoy decepcionada con los padres de SuperA, Marina. Sabes que estas vacaciones me he esforzado en estar pendiente de todos, con la ilusión que les mandé las tarjetas de Navidad y les busqué los regalos a mis suegros...
- Son muy raros, cariño, tú eres más que estupenda y sólo hay que ver la cara de felicidad que tiene SuperA contigo, lo mimas con ganas y no hay nadie que le preste más atención y que le quieras más que tú. Y además, tus suegros no son tontos, han visto que eres cariñosa con todos, culta, educada y con buen corazón. Eso se nota.
- ¿Y de qué me sirve? Mi madre me ha dicho que vaya a lo mío y ya está, que siempre me desvivo por regalarles y que ellos en estos 3 años no me han dado ni las gracias...
- Bueno, eso es verdad. Sí que son secos los jodíos... pero ¡son así con todos, no sólo contigo!
- Ya, ya lo sé, pero yo estoy cansada de querer preocuparme por todos y que todo sea del agrado de los demás. Se han pasado todas las Navidades sin un triste adorno, cenando solos y con las caras hasta el suelo porque "la Navidad es muy deprimente" no han hecho el más mínimo esfuerzo por ser amables ya no conmigo, ¡sino con su hijo que se pasa medio año en la otra punta de España! me duele mucho. El es muy bueno y quiere mucho a sus padres, de los cuatro hermanos es el 2º que está más lejos y el que visita a sus padres más a menudo. No nos hemos perdido un cumpleaños o una fecha importante en su casa, aún haciendo cientos de kilómetros para un fin de semana...
- Mira, cariño, sólo tienes que fijarte en mí: cada uno va a su bola, el sentimiento es de uno, pero los demás no tienen sensación de familia. Tu madre tiene razón: ¡al carajo! ya está bien de tener tantas contemplaciones con todos, tú a lo tuyo. respira hondo y di: "yo a mi ritmo" y PUN-TO.

- Vale... Muchas gracias y perdona Marina que te dé la brasa con mis tonterías con lo que tú tienes encima...
- A, tú estás siempre ahí, siempre siempre, estáis todas cuando os necesito, pero tú estás siempre. Así que no me des las gracias porque yo tengo horas de teléfono para agradecerte...

Hemos quedado para mañana. Vamos a ir a las rebajas, pero "sólo para mirar" ninguna estamos en situación de gastarnos un euro y ella, encima, es cierto que sin tener mucho disponible, no se mira en los regalos para los bordes de los suegros. Qué tacaños y secos que son... Cuando yo tenga un novio, espero que no me toquen como los de ella, ¡porque lloraría sangre!

¿Cómo son vuestros suegros? ¿habéis tenido suerte?

domingo, 9 de enero de 2011

Fin de semana infantil

El viernes por la noche llamé a mi jefa y tenía algo de fiebre, así que ni corta ni perezosa le dije al marido que se buscaran plan para el fin de semana porque yo me iba a encargar de los niños. Creo que al pobre casi se le saltan las lágrimas de emoción y aunque no me dijo que sí de forma inmediata, sé que les hacía falta. 

Ayer por la mañana a las 10 en punto estaba en la casa cargada de los regalos que los Reyes me habían dejado en el piso para mis niños y aunque sé que ya han recibido sus regalos pensaba que en cuanto los vieran se iban a volver locos y así fue, pero ¡por verme a mí! vinieron los 3 con sus pijamitas de muñecos a recibirme gritando de alegría con los brazos abiertos y yo lloraba como una tonta. Son los mejores niños que me podría haber tocado cuidar yo creo que aún teniendo los míos propios nunca serían tan buenos como éstos. Marcos viene más alto, se ve que tuvo un poco de fiebre por el frío de Bilbao y ha dado un estirón. En cuanto mis jefes se aseguraron de que iba a estar bien, de dejarme dinero, la nevera llena y darme millones de datos complementarios, se marcharon y empezó la fiesta. Los niños se sorprendieron de tener un 4º regalo (creo que sus padres lo están haciendo maravillosamente bien, no son niños caprichosos, ni consentidos. Pidieron algunas cosas y les han traído algunas sí y otras no y los niños no han protestado, al contrario han compartido todo y jugado, lamento compararlos con los hijos de D que son caprichosos, egoístas y han pedido y les han traído tantas cosas que no tendrán tiempo para todas)
Los Reyes le trajeron a Ana un Pocoyó dulces sueños, muy suavito se le ilumina la carita y tiene música de nana. No lo soltó en lo que restó de día; ella colaboraba rompiendo papel de los demás regalos, pero con el Pocoyó a cuestas. Miguel flipó con la guitarra a teclas, el micrófono y la radio, todo de colores y de su altura. Rápidamente repartió entre los hermanos y se pusieron a bailar y cantar, ¡fue tan divertido! Y Marcos, tan formal, abrió su regalo: un maxi libro de cuentos con una casa diferente para cada historia. Trae el estuche unas piezas de madera muy bonitas para construir todas las casas del libro. Este regalo era algo arriesgado: Miguel es el artista de la familia, Ana es una niña tranquila, pero Marcos es tan ordenado y pensador que tira más por otros derroteros, así que tampoco tenía muy claro cómo iba a reaccionar con el regalo, pero creo que ha sido todo un éxito. Ya decía Miguel con los ojos abiertos como platos:

- Yo soy tu mecánico, ¿vale? cuando necesites un tornillador, ¡yo te lo doy!
De modo que, mientras Marcos observaba las casas en el libro de cuentos, le iba a pidiendo a Miguel "la pieza grande azul" o "la puerta roja" y Miguel disfrutaba acertando siempre con la pieza.
Se nos pasó el día volando, almorzamos y nos pusimos a bailar y cuando me vine a dar cuenta era la hora de la merienda. Después nos pusimos a hacer collages con pintura de manos y pronto llegaron el baño y la cena. Me puse un dvd de dibujos animados pero lo cierto es que con ese ambiente familiar no me costó nada dormirme. 
Hoy me desperté descansada y con muchas energías para disfrutar de los niños y de una mañana tan soleada, así que nos fuimos al parque, ví que han abierto un local con comida orgánica (algo me había contado A en pleno entusiasmo, pero yo andaba en mis pensamientos) así que compré unas crudités que los niños devoraron como auténticos ratoncitos y unos rollitos de patata con brocoli y calabaza que desaparecieron por arte de magia. Yo no soy tan "orgánica" y como al lado hay también un local de bocatas camperos, me pedí uno para mí porque estaba viendo que los niños se habían puesto las botas y no íbamos a volver a casa para almorzar. Cargada de galletas, botellitas de agua, toallitas húmedas y kleenex aprovechamos para darnos un paseo hasta que nos llamaron los papás. Mi jefa tenía mucho mejor voz que el sábado por la noche cuando llamó para saber si estábamos bien y habían pasado el finde en un hotelito muy romántico con spa. 

Nos reunimos en casa, tomamos café mientras los niños jugaban y estuvimos hablando de todo un poco hasta que salieron Marcos y Miguel con una caja grande de regalo diciendo que la habían dejado los Reyes para mí. Sorprendida, eché una mirada inquisidora a mi jefa que sonreía mientras acunaba a Ana y ayudada por mis pequeños me dispuse a averiguar qué se escondía debajo del papel 
¡Me han regalado un robot de cocina! Yo lo había estado mirando tiempo atrás en el Corte Inglés porque comparado con los precios de La cocinera o el Chef 2000, éste costaba 100 Euros; pero finalmente, puse internet y el dinero de una cosa lo pasé a la otra. Qué guay. Ya  me voy a poder hacer mis guisoteos, aunque trae un libro tan grande que de aquí a que empiece me va a llevar algo de tiempo. Me ha hecho tanta ilusión que he encontrado una receta de un pastel por internet y ahora mismo se está haciendo. Mañana lo llevaré para el desayuno. 

¡Que tengáis un feliz lunes!

miércoles, 15 de diciembre de 2010

La sangre es muy llamativa

Hoy ha sido un día complicado. Mis jefes está preparando un proyecto porque, con el nacimiento del bebé, serán 4 niños y ella prevé dejar su trabajo actual y trabajar como freelance llevando la gestión de dos guarderías y una ludoteca infantil, así podría estar en casa y organizarse según lo necesiten los niños. Lo cierto es que para cuando nazca el bebé, Miguel irá al cole, así que tampoco sería tanto cambio: seguiría teniendo a dos pequeños en casa. Yo creo que ya está cansada de la empresa, pero no ha hecho ningún comentario al respecto, a mí me sorprende que haya aguantado tanto, son lo peor. Ella es eficiente, práctica y más discreta no puede ser. Como hay días en los que está de baja, estoy acostumbrada a cuidar de los niños con ella, pero si el que está en casa es su marido, siempre se crea un pequeño caos. Los niños lo ven como una novedad, como un domingo, y ya no hacemos nada, ni escribimos, ni les enseño cosas, ni cantamos. Miguel se pone nervioso y quiere captar la atención de su padre como sea y el padre, que está ocupado preparando papeleo, no puede atenderle como por las tardes o los fines de semana, así que al final, acaban algo agobiados los dos. 

Se ha puesto a desayunar en el salón, viendo las noticias y jugueteando con Ana, mientras Miguel le demostraba todos sus magníficos poderes. En un segundo de descuido, mientras mi jefa y yo estábamos en la cocina, se ha armado la grande. Los niños han empezado a saltar, a él casi se le cae la taza de café y la primera reacción ha sido ponerla a salvo, Ana no ha aguantado el equilibrio y ha caído del sofá al suelo. Brecha al canto. Y sangre por todas partes con el llanto de la pobre resonando en nuestros tímpanos. Miguel se ha asustado y también se ha puesto a llorar. Y nosotros, intentando aguantar el susto para que no cundiera el pánico general, pero lo cierto es que estábamos muertos de miedo: corriendo se le ha llenado la cara de sangre y la toalla con la que la cubrimos parecía la de un quirófano. Todos para urgencias. Al final no ha sido nada importante, era una herida superficial, le han echado puntos, pero los 3 nos hemos pasado todo el día sin hablar. Mi jefe estaba muy afectado, se sentía muy culpable y aunque es un padrazo y los fines de semana se desenvuelve con los tres de puro gusto, lo cierto es que cambia mucho la organización y el chip de los niños de un día laboral a uno en fin de semana y a veces es difícil controlar la situación. Aún me acuerdo yo del día en el que a Marcos, en el parque, le empujó otro niño y se hirió la barbilla y las palmitas de sus manos. Creo que a escondidas, lloré yo más que él. Han pasado casi tres años de aquello, pero creo que si veo al niño que lo empujó sabría reconocerlo, lo he buscado con la mirada en las filas de su clase por si estaba en su mismo colegio.


Y con todo el lío de día, no me ha dado tiempo a pensar en mi móvil y en cierta persona. Pero no me ha llamado más, ni me ha escrito ni nada. Y yo dejé la conversación a medias. ¿habrá cambiado de idea con respecto al café? ¿pensará que me molesta y no me va a llamar? Ay!!! ¡no tenía que haberlo cogido!

lunes, 13 de diciembre de 2010

Bonito fin de semana

No he escrito en todo el fin de semana, pero tengo una buena justificación. El viernes, sobre la marcha, nos interconectamos A, B, C y yo para ir a ver a B. Ya sabéis que está trabajando a unos 600 km de distancia, así que, como sus compañeras de piso se iban por ahí aprovechamos para estar con ella. Pues eso, carretera y manta. Cuando llegamos era la hora de cenar (del viernes) así que pedimos comida a domicilio y nos pusimos a ver pelis de chicas en pijama, nos reímos hasta la saciedad, estar todas juntas fue divertidísimo. El toque barman lo puso C y sus habilidades cocteleras y como B lo sabía, ya había comprado alcohol como para desinfectar una casa. El sábado estuvimos en el zoo por la mañana, almorzamos en un restaurante de comida africana y por la tarde nos fuimos de mercadillo navideño. Fue muy gracioso porque íbamos todas juntas hasta que cada una empezamos a decir lo bonito que era esto o aquello y nos fuimos desperdigando... tenemos pendiente el amigo invisible, así que todo eso nos facilitó mucho la labor. Después de las compras todas luchamos por esconder bien nuestros "invisibles" para que ninguna reconociera nada. Y de allí directas a un restaurante mexicano con una barra de tequilas espectacular. Bailamos hasta que no pudimos más, conocimos gente, nos hicimos mil fotos y disfrutamos mucho. El domingo, muertas de sueño estuvimos desfilando como fantasmas por la casa hasta que conseguimos reponernos para la hora de comer. Tras el café, vuelta a casa. 


Y hoy con los niños, ¡disfrutando a tope! Como estuvieron de viaje en el puente, el fin de semana pasado pusieron el Belén, pero no les dio tiempo a colocar los árboles. Y digo "los" porque además de decorar el del salón, este año, como son más mayores, mis jefes y yo pensamos que era buena idea el que tuvieran los peques un arbolito en su habitación. La habitación está enmoquetada,  tiene dos camitas cruzadas y la cuna, pero es bastante espaciosa y aunque Ana es aún pequeña, los dos hombrecitos disfrutan mucho. Durante el fin de semana, en un centro comercial, Miguel sabiendo que iban a decorar el árbol para su habitación, encontró los adornos perfectos ¿os imagináis de quién son? Efectivamente: Bob Esponja... 




Entre villancicos, arbolitos de Navidad y espumillones hemos pasado el día. Marcos hace de pastor en la obra del colegio, esta tarde le hemos probado el disfraz y nos ha deleitado con sus frasecitas. Los niños han disfrutado de lo lindo y yo, una más con ellos.